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BMX Air Master para Atari 2600: el cielo es el límite

Hoy comienzan los entrenamientos oficiales para las competiciones del Campeonato Mundial de Ciclismo BMX, que se celebrará a lo largo de esta semana en Rock Hill (USA), bajo la organización de la Unión Ciclista Internacional (UCI) y la Federación Estadounidense de Ciclismo. El del ciclismo extremo es un deporte muy poco representado, pero eso no […]

Hoy comienzan los entrenamientos oficiales para las competiciones del Campeonato Mundial de Ciclismo BMX, que se celebrará a lo largo de esta semana en Rock Hill (USA), bajo la organización de la Unión Ciclista Internacional (UCI) y la Federación Estadounidense de Ciclismo. El del ciclismo extremo es un deporte muy poco representado, pero eso no quiere decir que no existan títulos para saciar nuestras ansias virtuales de pedalear, como el simple pero muy divertido BMX Air Master, producido en 1989 por TNT Games para los circuitos de la Atari 2600 en 1989.

La premisa básica es simple: competir en tres eventos diferentes, acumulando tantos puntos como sea posible haciendo la mayor cantidad de “stuns” que podamos. Y sin embargo, la profundidad de este juego y su complejidad jugable son suficientes como para jugarlo durante varias horas seguidas, siempre intentando mejorar, en pos de superar nuestras puntuaciones, pero, sobre todo, tratando de batir el record de nuestros amigos.

Los tres tipos de eventos nos llevan a un half pipe, una pista que acaba en un quarter pipe, y a una rampa doble en un muelle. En el primero, rodamos arriba y abajo tratando de alcanzar la suficiente velocidad para propulsarnos hacia arriba, a fín de tener tiempo de rotar, girar, voltearnos en el aire, girar las ruedas… También podemos, según cómo caigamos, botar en el mismo borde del half pipe y aprovechar el rebote para seguir haciendo más filigranas. Todo esto hasta agotar el límite de tiempo.En el segundo evento, tenemos que intentar coger toda la carrerilla posible para propulsarnos como en la prueba anterior, con la diferencia de que aquí sólo contamos con un intento. En el tercer evento, tenemos que hacer un salto al estilo Evel Knievel, e intentar hacer cuantas más acrobacias podamos, rezando por aterrizar bien en la rampa de salida tras el salto. Cuantas más acrobacias hagamos, más puntos acumularemos, dando a nuestras amistades más motivos para intentar derrotarnos.

La gracia, y lo que nos provocará más de una carcajada al principio, es que si cogemos la suficiente velocidad nos vemos proyectados hasta alturas absurdas, desapareciendo al más puro estilo “debo irme, mi planeta me necesita” por la parte superior de la pantalla y llegando, literalmente, hasta las nubes. Si fallamos, o aterrizamos mal, daremos con nuestros pobres huesos en el suelo, agotando una de las tres vidas que tenemos. Los controles están brillantemente resueltos. Con el botón realizamos las acciones, como dar el primer impulo a la bicicleta o cambiar de dirección el el suelo y, una vez en el aire, realizar acrobacias como girar las ruedas, soltar el manillar… mientras que moviendo el joystick simularemos físicamente el acto de pedalear en el suelo y, una vez en el aire, podremos girar y rotar la bici a placer (siempre que el impulso sea el suficiente como para que el tiempo nos lo permita).

Al principio, el juego se nos hará un tanto ridículo por la increible altura que se puede alcanzar, pero una vez le cojamos el tranquillo nos sorprenderemos intentando elaborar acrobacias cada vez más enrevesadas. Los gráficos, a pesar de su parquedad, son bastante descriptivos, competentes y hasta bonitos tratandose de un juego de Atari. Es preferible jugar en una televisión de tubo tradicional, ya que ayuda al degradado de las puestas de sol de fondo y da una suavidad general al conjunto que se preveía por diseño.
No os dejéis engañar por su simpleza de control o lo sencillo de su aspecto: a poco que le déis una oportunidad quedaréis, sin lugar a dudas, enganchados al manillar.

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