ARTÍCULOS RETRO

Driver para PlayStation: un conductor más talludito

Quemando rueda

Este fin de semana se estrena en cines Baby Driver, la historia de alto octanaje sobre un joven conductor con unas dotes innatas tras el volante que trabaja para el crimen organizado. El del héroe callado haciendo malabares con el acelerador no es un rol que nos resulte desconocido y, de todos los juegos que se han lanzado alrededor de esa temática, Driver para PlayStation es sin duda el exponente que mejor la representa y el más rompedor en su día.

Lanzado por Reflections en 1999, Driver cogía toda la experiencia del estudio británico en el terreno de las físicas automovilísticas adquiridas durante el desarrollo de los dos primeros Destruction Derby, y la aplicaba a una de las primeras experiencias de mundo abierto en 3D, algo muy meritorio habida cuenta de las limitaciones técnicas de la época, que forzaban a la inmensa mayoría de los juegos a estar constreñidos a espacios cerrados. Por contra, en Driver teníamos a nuestra disposición cuatro grandes ciudades de Estados Unidos por las que rodar: Miami, San Francisco, Los Ángeles y Nueva York.

Si bien no son réplicas exactas, son recreaciones muy bien conseguidas. Así, en Miami está la línea de monorail, los hoteles Art Decó de Miami Beach, o el trampantojo de la fachada del hotel Fontaineblau. En San Francisco tenemos su tranvía, sus cuestas, el Golden Gate, Chinatown o incluso Alcatraz en la lejanía, en la nocturna Los Ángeles está la inconfundible terminal del Aeropuerto Internacional, el Teatro Chino o Beberly Hills, en Nueva York están los taxis amarillos, la Estatua de la Libertad o el malogrado Word Trade Center. El juego era tan consciente de haber hecho un trabajo tan excelente para la época, que había incluso un modo aparte llamado “dar una vuelta”, en el que deambulábamos por una ciudad de nuestra elección sin rumbo fijo ni más objetivo que el de hacer turismo virtual, a los mandos de una selección de vehículos y muscle cars de los 60 y 70, en un homenaje a películas de persecuciones de la época como The French Connection, Bullit, Punto Límite Cero o The Driver, la que parece inspirar al juego más fuertemente.

El argumento del modo principal nos ponía en la piel de Tanner, un detective de la policía que es escogido por su capitán para infiltrarse en el mundo del hampa gracias a sus habilidades automovilísticas. Tras impresionar a unos posibles “empleadores” realizando una serie de arriesgadas maniobras en un garaje en tiempo record (conveniente entrenar en el modo así indicado en el menú, en el cual aprenderemos qué hacer), se nos empieza a dar encargos a traves del contestador de nuestro cochambroso apartamento. La mayoría de las veces, tenemos dos o más mensajes nuevos, siendo cada uno de ellos una misión, puediendo aceptar una y rechazar otras, lo que daba rejugabilidad al título.
las misiones en sí eran de lo más varipointas: desde huir con unos matones tras el atraco de un banco a perseguir a un soplón antes de que escape, pasando por otros menos convencionales, como amedrentar a un individuo haciendonos pasar por taxistas y conduciendo de forma temeraria, castigando al dueño de un restaurante que no ha pagado la “protección” mediante la destrucción de su local (con nuestro coche), o llevando explosivos en una camioneta en una frágil caja que puede explotar en cualquier momento. Las misiones podían dar al traste si, entre otras cosas, no lográbamos despistar a la policía, se agotaba el tiempo, o si destrozábamos nuestro vehículo, algo que nuestros compañeros de tropelías se encargaban de reprocharnos en perfecto castellano (Mítico aquel “¡Te has cargado el coche, tío!”)

Por si esto no fuese suficiente, el juego tiene una plétora de modos de juego, en los que realizar persecuciones, slaloms entre los conos, carreras… pero sin duda el que se lleva la palma, y que se convierte en un motivo solo por el cual merece la pena revisitar el título, es el demencial “supervivencia”, en el que la policía se ha vuelto loca y embiste contra nosotros al máximo de revoluciones. Es poco menos que una proeza aguantar más de 30 segundos, en una carnicería automovilística en la que los tapacubos, parachoques y demás piezas saltan por los aires. Eso cuando varios coches patrulla no nos hacen una melé al estilo del futbol americano y salimos despedidos por encima de azoteas y edificios varios.
Como colofón, y como homenaje último al género cinematográfico que lo inspira, Driver incluía un completísimo modo “director de cine”, en el cual podíamos editar nuestras repeticiones emplazando la cámara en los ángulos que quisiesemos, creando pequeñas películas disparatadas de policías y ladrones que podíamos guardar en nuestra tarjeta de memoria.

Driver generó varias secuelas y contó con varios ports, uno de ellos una versión muy simpática para Game Boy Color, y otro un competente port para PC que, si bien mejoraba en todo lo visto en el original de PSX, por desgracia cambiaba la genial banda sonora funky (generada por el chip de sonido de la consola) por una compuesta de pistas de audio almacenadas en el CD, que eran mucho más escasas y bastante menos memorables, haciendo que esta versión se vea afectada por cierta monotonía sonora. El último port en llegar es una adaptación para dispositivos IOS, el cual puede resultar algo más farragoso a causa de los controles táctiles.

Pero sin duda alguna y de tener que hacer una recomendación, si tenéis ocasión de probar el original disfrutaréis de una tarde de diversión y olor a gasolina y rueda quemada. Pisad a fondo y recordad: ¡no rayeis el coche!

  1. Uno de los grandes juegos de conducción que nos brindó la PSX integrando una de las mejores IA policiales hasta el momento en un juego de estas características; no había cojones a ir a más de 30 o saltarte un semáforo si había una patrulla cerca XD

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.