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El modo para dos jugadores de Resident Evil 4 (versión Wii)

Compartiendo el terror con un amigo

Resident evil 4 cooperativo fanart

Jugar acompañado, en juego cooperativo, es más divertido. Esta es una de las pocas verdades inmutables del universo: el agua moja, el cielo es azul, y el Contra mola más a dobles.
Battle City para Famicom, la saga Dynasty Warriors, lego Star Wars, New Super Mario Bros, House of the Dead, Gears of War… Tener a tu compañero de armas al lado es un garante de diversión asegurada, y la meta común asegura que, caso de haber piques, estos sean, como mucho, por la puntuación (si la hubiera), ya que, para sobrevivir, el reparto de tareas y objetivos es imprescindible, “Tú me cubres la espalda, yo te cubro la tuya”.
La propia Wii contó con el juego cooperativo como una de sus grandes bazas, y la misma saga Resident Evil tiene, desde la quinta entrega en adelante, numerosas entregas en las que la cooperación es la base. La cuarta sin embargo no es una de ellas ¿Cómo, os preguntaréis entonces, se juega a Resident Evil 4 en cooperativo?

Gracias a la naturaleza separada del Wiimando y el nunchuck. Es una idea en principio alocada pero, básicamente, consiste en que una persona mueve al personaje, y otra apunta y dispara. Puede parecer absurdo, y habrá quien discuta que Mario Galaxy hace algo similar (el segundo jugador puede recoger y disparar los caramelos repartidos por el escenario), pero mientras que en ese juego el jugador principal retiene el control del personaje en todo momento, pudiendo dárle al segundo la sensación de que solo está haciendo algo trivial e innecesario, en Resident Evil 4 la coordinación es la clave.
Yo mismo he llegado a completar la campaña principal de esta manera: mientras que un jugador es el encargado de desplazar al personaje y ponerlo fuera de peligro cuando las cosas se ponen feas, el otro es el que apunta y dispara a las hordas de Ganados que nos atacan. Esto en otros juegos podría ser aburrido, pero Resident Evil 4 todavía tiene ese “defecto” intencional de diseño: para apuntar, es necesario quedarse parado en el sitio, no se puede disparar mientras se mueve al personaje, por lo que hay que turnarse. Esto se traduce en que las dos personas que jueguen se tienen que entender muy bien, ya que una tiene que parar cuando la otra necesite apuntar para disparar, y la otra tiene que dejar de apuntar para poder desplazarse.

Que los primeros minutos de partida (por suerte, los más sosegados) van a ser un caos es algo que está garantizado, pero a poco que persevereis veréis vuestra paciencia recompensada en forma de compenetración con vuestro compañero; no pasará mucho hasta que entendáis, sin necesidad de palabras, cuando es preciso salir por piernas, y cuando es necesario parar y disparar (o acuchillar, sacudiendo la mano como un Curro Jimenez desbocado): sin decir nada, os iréis cediendo el turno el uno al otro para realizar vuestras respectivas acciones.
Lo mejor de todo es que este método sirve para todo el mundo, ya que, por muy torpe que se sea, o aunque una persona sea incapaz de manejarse con un stick analógico en tres dimensiones, absolutamente todo el mundo puede apuntar un mando a la pantalla, convirtiendolo en una buena experiencia para empezar a compartir vuestra afición con un neófito.

Es muy posible que esto mismo se pueda hacer con muchos juegos, pero yo solo puedo hablar de este por mi propia experiencia. La ubicuidad de las copias de la versión de Wii lo hacen muy fácil y barato de adquirir. La única pega que se plantea es que es uno de los pocos juegos de Wii que no se beneficia del uso de cable por componentes, y, lejos de aumentar la resolución del original (un juego en 4:3 con bandas negras arriba y abajo), se adapta a 16:9 “estirando” la parte jugable, por lo que en un televisor moderno la presentación puede resultar un tanto borrosa incluso para los estándares de Wii. Si podéis pasar ese defecto por alto, tenéis garantizadas horas de diversión con vuestros amigos.

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