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Independence Day, el juego, el churro.

“Bienvenido a la tierra”

Hoy, día 4 de Julio, los estadounidenses celebran su día de la Independencia con profusión de fuegos artificiales y banderitas americanas. Si bien no es una festividad que nos ataña en absoluto, es una excusa tan buena como cualquier otra para revisionar Independence Day (Roland Emmerich, 1996), el filme donde Will Smith y Jeff Goldblum luchan casi a brazo partido contra unos alienígenas que han tenido a bien el aguarle la fiesta a la humanidad en general. La cinta tuvo su adaptación a videojuego, un shooter de naves poco memorable y de escaso éxito, pero ¡eh! Cualquier pretexto es bueno para emprenderla a tiros contra los invasores del espacio.

Independence Day para PlayStation sufre la misma maldición que otras muchas adaptaciones de películas, en tanto que es malo con avaricia. Lanzado un año después que la película (perdiendo así cualquier gancho comercial), el juego fue encargado a los entonces poco expertos Radical Enterntainment. El por qué Fox no volvió a contar con Probe Enterntainment, que ya había mostrado su buen hacer con el excelente Die Hard Trilogy, es todo un misterio.

La custión es que lejos de seguir el ejemplo del juego de John McClane y tomar varias escenas icónicas de la película, la gente de radical cogió una, y solo una: el combate aereo entre los aviones y las naves alienígenas, y lo repartió por varios niveles a través del mundo, lo cual, si bien da algo de variedad a los escenarios, no surte el mismo efecto en la jugabilidad, que es virtualmente idéntica en todos ellos.

Para ser un simulador de vuelo, Independence Day no nos da mucha libertad: no podemos ir hacia arriba porque está la nave nodriza de los alienígenas. No podemos ir hacia abajo porque… bueno, porque están el suelo y los edificios, y si intentamos rebasar los límites de la nave nodriza el campo de retención de la misma nos impedirá seguir más lejos, obligándonos a dar la vuelta.
No nos queda mucho más que hacer salvo machacar naves extraterrestres amén de otros objetivos repartidos por la superficie inferior de la nave nodriza. Por desgracia el “pop up” es tan bruto que en más ocasiones de las deseadas para cuando los objetivos se nos muestren en pantalla estaremos casi encima de ellos, con muy poco margen para actuar.

Tambien existe una cuenta atrás para poder cumplir con los objetivos que se nos piden: si los cumplimos a tiempo, la nave nodriza explota en mil pedazos. Si no, armará el láser verde con el que reducirá a cenizas el lugar en el que nos encontremos.
El juego nos lleva por sitios tan variopintos como Paris, Washington DC, el cañón del colorado, o la mismísima Las Vegas, pero salvo un par de “landmarks” aquí y allá no están demasiado bien recreadas y el juego no hace mucho con el cambio de escenario.
Entre nuestra selección de cazas de combate, iremos desbloqueando otros modelos aparte del icónico F-18, llegando incluso a manejar la nave reparada de Rosswell que los dos protagonistas pilotan en el último tercio del filme.

En definitiva, una lástima de título, del cual destacamos solo dos cualidades redentoras, siendo la primera que al jugarlo nos entrarán ganas de ver la película (y ver Independence Day en el Día de la Independencia es todo un placer culpable), y la segunda que la mediocridad del juego inspiró a James Rolfe a dedicarle un episodio del Angry Video Game Nerd, en el que lo define de la siguiente manera: “Para describir cuán culo es este juego, todo lo que puedo decir es que es muy culo”.

Puede que no sea lo mejor que podáis hacer un 4 de Julio, pero si no os molestan los muchos defectos de este shooter espacial, podéis volar una nave nodriza y acompañar  esta fecha con vuestros propios fuegos artificiales allimentados a base de marciano muerto.

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