ANÁLISIS ARTÍCULOS

Juegazos de los que nadie habla: repasamos Forza Horizon 3

La felicidad sobre ruedas hecha juego.

Volvemos con más articulos tras un breve hiato que espermos los gamuzinos nos sabrán perdonar. Este fin de semana (el día 26 para ser más exactos) se ha celebrado el día de Australia. El país y continente es, además del lugar con la fauna más única del planeta, el escenario preciosista que sirve como telón de fondo para Forza Horizon 3, el que, por el momento, es a todas luces el mejor juego de carreras del mercado. Un título que lo tiene todo, que a muchos meses después de su lanzamiento aún se ríe en la cara del resto de propuestas a la venta y del que, por alguna extraña razón, casi ningún aficionado, tanto del género como los juegos en general, habla o conoce.

Puede que parte de la culpa se deba la percepción que se tiene de la saga como “spin-off de la serie Forza”, como si el mimo fuese a las entregas de la serie “principal” de los juegos de conducción de Turn 10 y la serie Horizon fuese un subproducto pensado para atraer al público arcade. Nada más lejos de la verdad: Forza Horizon 3 es un título en el que se ha vertido tanto mimo y esfuerzo (si no es que más), que en los demás juegos de la franquicia, y todo esto revestido de una capa de diversión inagotable desde el minuto cero.

Libertad sin límites: tú eres el jefe

Nada más comenzar la partida, la intro da paso a un recorrido a toda velocidad a los mandos del Lamborghini Centenario, uno de los coches más espectaculares, para inmediatamente después ponernos tras el volante de un vehículo offroad 4×4 con el que cambiamos la carretera por un frondoso bosque tropical, para acabar en las arenas de idílicas playas. Tras eso, nuestra primera prueba “de verdad” será echarle una carrera a un Jeep Willis… que es zarandeado por un helicóptero por encima de nuestras cabezas. Todo sea en pos del entusiasmo de los fans.

Y es que ésta es la premisa principal de FH3: el atraer fans para crear el festival de música y automoción más alucinante posible. Si bien en las entregas anteriores éramos meros pilotos que participaban en los eventos que se iban desbloqueando de forma lineal, en esta ocasión somos los jefes del festival, y, además de participar nosotros mismos den las carreras, tomamos todas las decisiones. Decidiremos en qué orden queremos abordar los eventos, las emisoras de música que lo publicitarán (y que se escucharán en la radio de nuestro coche, con comentaristas de radio reales que comentan la actualidad del festival), en qué zonas se abrirán los nuevos festivales una vez hayamos alcanzado suficientes fans, hasta podremos diseñar algunos de ellos, eligiendo el tipo de coches que se van a emplear, el nombre y cartel del evento, y en el caso de las llamadas “experiencias Horizon”, podremos elegir el tipo de actividad a realizar, si alcanzar un lugar antes de que se agote el tiempo, o por debajo de cierta cantidad de daños (podemos incluso crearnos nuestro propio émulo de las misiones del añejo Driver de PSX)…

Siempre hay algo que hacer, y, lo mejor de todo, siempre te apetece hacerlo. Parece que el objetivo principal de FH3 sea la felicidad del jugador: El juego te está premiando constantemente. Gana una carrera y la rueda de tu coche se transforma en una ruleta de colorines que te puede dar dinero, experiencia o coches gratuitos.
Realizando una serie de acciones ganas puntos que puedes cambiar por habilidades. Conducir por carreteras aún por descubrir, completar eventos, realizar acrobacias, tratar de “colarse” de la velocidad permitida en las cámaras de tráfico (que han sido modificadas, no para multarte, sino para registrar tu progreso e incentivarte por el mismo), encontrar hermosos parajes naturales, o coches antiguos abandonados en graneros ocultos… Incluso a partir de cierto punto puedes ganar un dinerillo ejerciendo de fotógrafo y capturando con tu cámara los distintos coches con los que te vayas cruzando. Núnca se acaba y se vuelve increíblemente adictivo.

Una jugabilidad incontestable

A pesar de la naturaleza de mundo abierto del título, las carreteras, calles y rondas que se convierten en los recorridos funcionan sorprendentemente bien como circuitos cerrados, y no tienen nada que envidiar a los de títulos más tradicionales. Fuera de los eventos, además del tráfico normal, no estás sólo en la carretera: acércate a los otros corredores que circulan libremente, y podrás retarles a una carrera callejera rápida uno contra uno. Toca la bocina al pasar por su lado, y se te unirán en una caravana de hasta cinco coches que te seguirán a donde vayas, y en cualquier momento puedes proponer a tu convoy una carrera improvisada, solo por diversión. Lo mejor es que los demás conductores se adecuan al tipo de modelo que estés conduciendo. Lleva un Ferrari y todos los conductores irán equipados con deportivos. Conduce un modelo clásico, como un Ford de los años 40, y podrás improvisar con los demás corredores tu propio rally de cacharros entrañables.

Todo esto está arropado por el mismo modelo físico de conducción de los otros Forza, con montones de opciones configurables de control y ayudas opcionales a la conducción. Actívalas todas y el juego se comportará como un arcade accesible y directo, a caballo entre los Need for Speed y los añejos Project Gotham (con el divertidísimo botón de rebobinado marca de la casa Forza). Desactiva todas las ayudas y el juego se convierte en un simulador, en el que cualquier error puede dar al traste con tu posición en la carrera, y en el caso de activar los daños físicos al motor puedes quedar reducido a una chatarra en un mal accidente. La única licencia que se da el juego es la de permitir a los caros y exóticos deportivos de alta gama el salir fuera de la carretera y meterse en zonas más agrestes (cuando esos coches, por diseño, apenas sí podrían salirse de un circuito sin destrozarse los bajos) pero, salvo por este detalle, los cambios del firme, la climatología, la tracción y las piezas instaladas en el coche influirán de forma realista. Sí que es cierto que, debido a la gran variedad de terrenos y de firmes, los coches con tracción a las 4 ruedas o los modelos con capacidades off-road cuentan con ventaja en según que eventos. Conviene escoger con precaución.

El juego, por supuesto, se vuelve infinitamente más disfrutable con volante, y en PC se muestra compatible y preconfigurado para una inmensa variedad de ellos. Nosotros hemos podido jugar sin problemas con un Logitech Driving Force GT, y lo único que hemos echado en falta es la posibilidad de usar para claxon el botón que tiene a tal efecto ese modelo, pero con un mando de Xbox One tambien podremos disfrutar de la vibración tanto del mando como la independiente de los gatillos, que sentiremos cuando las ruedas no agarren bien al firme o cuando cambiemos de marcha.

Un acabado de auténtico lujo.

La presentación del juego no se queda atrás:  la representación de la Great Ocean Road australiana recrea de forma bastante fidedigna varias localizaciones reales, como el Surfer’s Paradise de Queensland, Byron Bay, la playa de los Doce Apóstoles, los bosques tropicales o las arenas del Outback (compresión del espacio mediante). El mapa es enorme, pero está exquisitamente presentado y siempre apetece conducir por él. El modo foto, o el pequeño dron que podemos controlar en cualquier momento (¡tenemos un dron!), nos permiten escudriñar muy de cerca el nivel de detalle de los modelados y texturas. Es increible el nivel del modelado de los espectadores que se apiñan por cientos en las cunetas de las carreras y en las carpas de los festivales: llegando incluso a tener pestañas y todos los dedos de la mano, a pesar de que los vayamos a ver fugazmente por la esquina del ojo al tomar una curva a 200 por hora.

Las horas transcurren (comprimidas, eso sí) en tiempo real, con el ciclo día noche cambiando las sombras, creando atardeceres… La iluminación física de la que el juego hace gala es una de las mejor conseguidas que este humilde redactor haya visto jamás. El equipo de Playground Games realizó un viaje a Australia con el fín de grabar el cielo de allí, de modo que las nubes, el sol, todo lo que vemos por encima del horizonte, es calcado al que nos encontraríamos allí en la realidad, y afecta en la forma en que tiñe de colores globales al entorno. La lluvia, o la noche, se verán atravesadas por los haces de nuestros faros. Nuestro parabrisas refleja nuestras manos al volante y se ve golpeado por las inclemencias del tiempo, y la cámara de la vista exterior del coche se ve salpicada cada vez que pasamos por un charco. Si pasamos por un tramo de tierra, nuestra carrocería se torna polvorienta, y si justo después pisamos un charco las zonas que se mojan se embrarran. El único efecto que se echa de menos de los otros Forza es la proyección de sombras por la noche por parte de los coches que van delante nuestro. De hecho, salvo por el hecho de que en consola está limitado a 30FPS, podría discutirse que a nivel gráfico tiene más músculo y poderío que Forza 7 habida cuenta de lo que se muestra en pantalla. Y en PC, donde no existe esa limitación, es decididamente superior, no sólo a Forza 7, sino a cualquier otro juego de coches del mercado a nivel visual

Y los verdaderos protagonistas del juego, los coches, aparte de contarse por varios cientos, son los mismos modelados con nivel de detalle cuasi-enfermizo y fotorealista de los otros juegos. Tornillos, etiquetas, el motor de la gran mayoría de los modelos, todo está presente. Incluso el semi imperceptible granulado que tiene la pintura de los coches de verdad está aquí: acerca la cámara lo suficiente y notarás ese relieve de décimas de milímetro deformando el reflejo de la chapa. Por poner un ejemplo, y por pura nostalgia, compré un Land Rover 88 serie III a pesar de ser de los pocos modelos de la plantilla que son DLC de pago, sólo pare poder enseñarselo a mi padre, que hace tiempo fue dueño de uno. Se quedó simplemente anonadado ante la calidad de la recreación, hasta el punto de poder señalarme en pantalla lo que hacían ciertas piezas minúsculas del motor o los indicadores del panel de mandos. Pudimos hasta escoger el color de fábrica con el que lo tuvo él. Estuvimos varios minutos solo dandole vueltas al coche, como si fueramos dos curiosos delante de uno de verdad en una exhibición al que le estabamos echando un vistazo.

Una comunidad online bien entendida

Si bien el juego ofrece la posibilidad de batirse el cobre de la forma habitual contra otros competidores online, lo mejor de Forza Horizon 3 es que ofrece formas de explotar la conectividad online que den una sensación de compañerismo, de comunidad online sana, y de que el juego funciona mejor gracias a tener esas funcionalidades, sin necesidad de ceñirse a la competición. Gracias al sistema Drivatar creado por Turn 10, la forma de conducir de los otros corredores se registra y “enseña” a una IA en la nube, que luego traslada las manías y el estilo de conducción de cada jugador a sus “drivatares” virtuales. Los conductores que vemos controlados por la IA reproducen de forma bastante fidedigna el pilotaje de los jugadores a los que representan, con sus aciertos y sus errores, incluso si juegan sucio y atajan en las curvas. Me agradó sobremanera el encontrarme con que uno de los conductores a los que debía retar y reclutar para mi equipo era el drivatar de un amigo. Inmediatamente reconocí su forma de derrapar en las curvas. Tras incorporarle a mi plantilla, recorre las carreteras en mi partida, y cada vez que mi amigo aprende o mejora su estilo de conducción, también lo hace su drivatar.

También contamos con un potente editor de vinilos que nos permite personalizar los coches a nuestro gusto, así como compartir nuestros diseños descargar los elaborados por otros jugadores. De esa manera, podemos tunear un Lancia Delta para que parezca un Skoda Favorit, tener la furgoneta oficial de Gamuza, o el Interceptor de Mad Max, personalizar los coches de la serie Inicial D con las mismas pegatinas que muestran en la serie, o personalizar los coches que aparecían en Sega Rally 1 y 2 para que tengan los mismos decals que en los juegos de Sega. De la misma forma, se ven auténticas obras de arte originales en las carrocerías de los drivatares que comparten la carretera con nosotros.
Los eventos diseñados también se comparten con los otros usuarios, así como nuestra fotografías si así lo deseamos, con lo cual el juego da la sensación de estar mucho más vivo y completo de contenido gracias a los usuarios sin ni siquiera tener que enfrentarse a uno solo de ellos en carreras al uso. Hasta se puede ir a la pista del aeropuerto a ver reuniones de aficionados que comparan sus coches y trucan los motores en carreras dragster sin que nos veamos obligados a participar, solo para verlos y oir como suenan.

Si además descargáis la aplicación Forza Hub en vuestros compatibles, podréis llevar un registro de vuestro progreso, ver vuestras galerías de fotos, y recibir todavía más premios ingame al alcanzar ciertas metas (¡a veces incluso sólo por seguir jugando!)

No todo es perfecto en esta vida

Si bien Forza Horizon 3 es el sueño húmedo de los aficionados a la conducción, y un título que cualquier fan de los videojuegos en general debería probar (existe una completísima y extensa demo gratuíta), no está libre de algún punto negativo que empaña el que por otra parte bien podría ser un juego perfecto. La selección musical, por ejemplo, si bien es muy extensa, podría ser algo más variada o memorable, si la comparamos con las bandas sonoras de la saga Gran Turismo, por ejemplo.

Supuestamente se puede solventar cargando nuestra propia música. Por desgracia esto solo es posible cargándola a través del servicio en la nube Groove de Microsoft, metido en la ecuación con calzador, del cual muchas funcionalidades son de pago y, aunque se afirma que se puede añadir la música de forma gratuíta, el que suscribe estas líneas ha sido incapaz de hacerlo tras muchos intentos. El por qué no puede leer los archivos de música localmente, algo que se podía hacer sin más problemas desde la primera Xbox, es incomprensible.

En otras cuestiones, la versión para la Xbox One X cuenta con resolución 4K, pero sigue limitada a 30FPS, lo cual es una pena (se podría haber dado la opción de mantener la resolución a 1080 con mayor tasa de frames).
En PC, si bien no hay limitaciones técnicas de ninguna clase, el juego está forzado a emplear el sistema de la Microsoft Store. No es aislado el caso de que este servicio tenga problemas inexplicables, se quede “en un limbo” y no nos permita abrir el juego siquiera al hacer click tras haberlo adquirido legitimamente.
Si os ocurre esto, no reinstaléis el juego: probad a empezar a descargar cualquier aplicación gratuíta de la Microsoft Store. (Ni siquiera hace falta descargarla del todo o instalarla, solo con empezar  a descargar, por ejemplo, Spotify, y cancelar la descarga una vez haya empezado, podréis, por alguna razón cósmica que desafía razón alguna, ejecutar y jugar el juego sin problemas.)

Estos problemas de servidores y servicios metidos a la fuerza y que nada tienen que ver con los juegos, pero que hacen la vida imposible a los usuarios legítimos de los mismos, son inexcusables. Pero que eso no os asuste u os eche para atrás a la hora de probar uno de los mejores títulos de la presente generación. Pero tened cuidado, que engancha. El que avisa no es traidor…

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