assassins creed

Assassins Creed, la película: Anacronismo y aburrimiento.

Definir lo que caracteriza un juego de la franquicia Assassins Creed es sencillo: una trama en el presente sirve como excusa para mandarnos al pasado en un ejercicio de escapismo que nos lleva a visitar ciudades y épocas pretéritas. Los objetivos que perseguimos son un mero Mcguffin, un pretexto para seguir dando saltos por los tejados de exquisitas recreaciones de la Jerusalén medieval o la Florencia renacentista. Este espíritu es algo que la adaptación cinematográfica no entiende, resultando en un soporífero filme compuesto enteramente de subtramas sobre conspiraciones absurdas, y que pasa mucho más tiempo en las sosas oficinas de la compañía Abstergo que en la España de 1492. Una España que se pasa la exactitud histórica por el forro.