breath of the wild

De mecánicas metidas con calzador: Los peligros del “me too”

Durante su evento Treehouse para el E3 2016, Nintendo estuvo mostrando más de 5 horas de gameplay de su nueva entrega de la saga The legend of Zelda. Por las descripciones que se habían dado anteriormente respecto al paso a un mundo abierto, me habían asaltado ciertos temores. A falta de ver cómo se desarrollara el juego final en su totalidad, no puedo sino decir que tras visionar los videos mostrados por la compañía de Kyoto mis temores se han acrecentado: un espacio abierto, sí, pero muy vacío y despoblado, con algún enemigo ocasional, sembrado de santuarios casi idénticos en diseño con apenas un par de habitaciones cada uno (Nintendo ha explicado que habrá más de 100 santuarios, y dudo que ningún equipo creativo sea capaz de mantener la frescura y la variedad en un número tan grande de ellos), mientras el protagonista se ve forzado a ir armándose con los objetos que va encontrando (y que se rompen), mientras se ve en la obligación de ir cazando para comer, escalando, y parando para gestionar inventario, vestuario y salud. Esto, más que a Zelda, me suena a Oblivion o Far Cry 4/Primal.