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The Italian Job: Brexit al volante de un Mini

GTA inventó la fórmula del sandbox tras el volante de un coche, y Driver le dió un giro de tuerca al dotarla de un apartado gráfico (para entonces) espectacular.Estaba cantado pues que surgiesen imitadores, con mayor o menor fortuna. The Italian Job, lanzado de manos de Pixelogic en PlayStation a finales de 2001 (con una […]

GTA inventó la fórmula del sandbox tras el volante de un coche, y Driver le dió un giro de tuerca al dotarla de un apartado gráfico (para entonces) espectacular.Estaba cantado pues que surgiesen imitadores, con mayor o menor fortuna. The Italian Job, lanzado de manos de Pixelogic en PlayStation a finales de 2001 (con una posterior versión para PC) es uno de ellos, pero tiene suficientes elementos redentores como para no descartarlo como un clon más.

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El juego sigue la trama de la película protagonizada por Michael Caine en 1969 (no confundir con su horroroso remake, que tambien tuvo adaptación a videojuego igualmente decepcionante). El cockney Charlie Croker planea robar un cargamento de cuatro millones de dólares en oro que será trasladado en Turín, y para ello debe reunir un grupo de ladrones que le permitan preparar y llevar a cabo el robo, con la ayuda económica del cerebro criminal Mr. Bridger, un admirador ferviente de la reina que acepta financiar el golpe por patriotismo (según él esa cantidad de oro merece ser robada para estar en Inglaterra). Todo muy british: el Brexit del mundo de los robos.

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Lejos de limitarse a usar la película como un mero marco de fondo, el juego sigue la trama a pies juntillas, ofreciendo una gran variedad de misiones que representan muy fielmente los distintos momentos del filme y, por ende, los pasos necesarios para dar el golpe. Ya sea probar un explosivo en las puertas de una camioneta en Londres, arrojar una bici a la central electrica para causar un apagón que permita sabotear el control de tráfico de Turín, despistar a la mafia, o desplazarse por distintos puntos de la ciudad para anular las cámaras de vigilancia. Todos los vehículos y momentos que aparecían en la película están fielmente representados.

El cambio de una ciudad a otra (cuando ya nos habíamos hecho a la idea de conducir por la izquierda) obliga a una adaptación mental que aporta novedades jugables.

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Esto logra que el juego evite la monotonía en la que podía llegar a caer el primer Driver, aparte de tener algunas señas propias, como la flecha que indica el camino (en lugar de un mapa), o el original sistema de arresto de la policía: conforme nos van persiguiendo, irán apareciendo números de nuestra matrícula en la parte baja de la pantalla según van tomando nota de ellos. Si consiguen anotar la matrícula al completo habremos perdido. Si logramos despistarles antes de que eso ocurra, escapamos y el proceso vuelve a empezar. Muy original.

Las misiones van in crescendo hasta el momento cumbre de la película y del juego: la huída con los Minis tricolor cargados de oro por tejados, escaleras y azoteas en una serie de saltos espectaculares. De hecho, la forma en que se ha planteado la secuencia logra incorporar todos los elementos de la persecución de la película (subida al techo del estadio Torino Palavela incluida) consiguiendo que no parezcan tan aleatorios y puestos sólo por su espectacularidad, sino como parte de una ruta muy deliberada y necesaria para evitar el atasco de tráfico que nosotros mismos hemos provocado.

El juego no se acaba con los Minis: hay que huir hacia Suiza hasta el cliffhanger final.

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El título estaba totalmente doblado al castellano, con una traducción que intentaba incorporar todos los términos de slang cockney de los protagonistas, y si bien el traductor no hizo un mal trabajo, el doblaje en sí es involuntariamente hilarante, convirtiendose en un punto positivo más.
Es cierto que a día de hoy no es ningún portento técnico (aunque en su día era un juego bastante respetable para los añejos circuitos de la gris de Sony), y que a pesar de que el juego es variado y tiene algunos modos de juego extra para darle algo de vidilla, no es particularmente largo, y en un par de tardes se puede completar. A pesar de eso, sigue siendo lo  suficientemente divertido como para darle una oportunidad, y pasar una tarde entretenida tarareando la melodía de the Self Preservation Society.

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