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Pokémon Go: El encanto de redescubrir la ciudad

Hace algunos años, recuerdo que me llamó la atención cómo, estando yo de visita en la ciudad de una amiga, a ella le chocaba muchísimo el entusiasmo con el que yo disfrutaba de cada sitio o monumento que visitábamos, mientras que ella alegaba que su ciudad era muy aburrida de visitar porque, según ella, no […]

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Hace algunos años, recuerdo que me llamó la atención cómo, estando yo de visita en la ciudad de una amiga, a ella le chocaba muchísimo el entusiasmo con el que yo disfrutaba de cada sitio o monumento que visitábamos, mientras que ella alegaba que su ciudad era muy aburrida de visitar porque, según ella, no había nada. Esto lo dijo después de que hubiesemos visitado un montón de lugares preciosos. Algunas cosas, como un faro marítimo con mirador, ella ni siquiera las había visitado a pesar de haber vivido ahí toda su vida.
Esta forma de ver su ciudad me chocó muchísimo en su momento, pero luego comprendí que, al vivir allí, para ella todos esos sitios se habían convertido en algo normal, habían perdido toda novedad a fuerza de pasar por su lado: mi amiga pasaba a diario por delante de esas cosas, las miraba, pero ya no las veía. Y eso nos pasa a todos: ya podremos vivir al lado de la puñetera torre Eiffel que, como nos acostumbremos a verla, al cabo de un tiempo no nos parecera nada del otro jueves.

Y esa precisamente es una de las claves del éxito de Pokémon Go: aporta una excusa electrónica para revisitar lugares que habían perdido el atractivo para nosotros, una nueva forma de percibir nuestro entorno cercano.
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-“¡Corred, que hay Pokémons al final de la calle!”
-“¡Espera un poco, que a Jose le está eclosionando un huevo!”

Incluso desde mi ventana, estos días he visto (y oído) cómo gente de todas las edades paseaba (o corría) por las calles de mi localidad, buscando el siguiente parque, el próximo monumento, la plaza a la vuelta de la esquina, con la esperanza de poder capturar allí algún Pokémon.

Esta expectativa, transforma la percepción que tenemos de los lugares de referencia de nuestro entorno: esa fuente que dábamos por sentada de repente se convierte en un emocionante coto de caza, y andamos hacia ella con ilusión.

Aquella estatua recien reparada de la rotonda, que algunos ni nos dimos cuenta de que no estaba allí cuando un borracho se la llevó por delante con su coche, ahora podría ser, no solo una estatua, sino un emocionante gimnasio Pokémon que podemos conquistar y reclamar para nosotros… hasta que nos marchemos de allí y otro se apodere del lugar en nuestra ausencia.

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Esa excitación, esa nueva forma de ver los rincones, los monumentos, que pasan de ser esas cosas que simplemente están ahí, afuera de casa, a ser esos lugares a explorar, y a los que volver, los convierte en nuevos puntos de referencia. Recorrer las calles en pos de la reconfortante sensación de descubrimiento, convertirnos en colonos de un nuevo mundo digital sobreimpuesto al cotidiano del día a día, es el gran logro de la aventura conjunta de Nintendo y Niantic.

 

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