ANÁLISIS ARTÍCULOS

Prodigiosa Ladybug: Gamer

Marinette demuestra que está lista para la LVCR

Pocas veces se muestran los videojuegos de forma correcta en la ficción. Los aficionados están ya acostumbrados a que el retrato que se hace de su afición desde otros medios sea incompleto o poco documentado. Mil y una veces hemos visto personajes que, en solitario, aporrean a la vez todos los botones del mando a en oscuras habitaciones, siendo su hobby un mero plot device (un medio de la trama) para indicar que ese personaje pertenece a una subcultura geek. Especialmente en el caso de las series de televisión. Es por eso que resulta agradable encontrarse con material que muestre los videojuegos con una luz positiva y desde el conocimiento de los tropos y particularidades del medio, como en el episodio de Prodigiosa: Las Aventuras de Ladybug que hoy nos ocupa.
Titulado “Gamer”, este capítulo de la simpática coproducción franco-coreano-japonesa no se limita a incluir referencias culturales pop a los juegos, sino que además resalta sus cualidades positivas y socializadoras, integrándolas en la trama en la que, como es habitual en la serie, la protagonista emplea sus poderes para transformarse y proteger París del embate de las fuerzas del mal. ¡Activad vuestros prodigios mágicos y acompañadnos en este repaso del episodio! (Huelga decir que a partir de este punto habrá SPOILERS del argumento).

Un torneo en el instituto

Marinette, una estudiante que es en secreto la superheroína Ladybug, alterna sus hazañas salvando París con sus obligaciones académicas. En esta ocasión tiene que preparar en sus horas extraescolares una presentación para clase con su amiga Alya. Sin embargo, cuando llega al patio del Collège Françoise Dupont, se lo encuentra vacío, estando una multitud de estudiantes reunidos en la biblioteca, donde varios de ellos juegan en una gran pantalla a Ultimate Mecha Strike III, un título de lucha versus (cuya pantalla de título es una amalgama de tipografías y logotipos de los clásicos del género), entre vítores y frases de ánimo.
Puesto que la protagonista no tiene ni idea de por qué sus compañeros de clase están jugando en el centro, Rose, otra compañera, le explica que hay una competición entre institutos al más puro estilo de nuestra Liga del Videojuego de Ciudad Real, así que la ronda clasificatoria que se está celebrando en la biblioteca determinará quién jugará junto a Max, el cual lleva preparándose para el torneo durante meses.
Adrián, el simpático chico que es objeto de las admiraciones secretas de Marinette (además de ser anónimamente Cat Noir, su compañero superhéroe, siendo ambos desconocedores de sus respectivas identidades reales), se bate el cobre con Max y logra una puntuación superior a la suya. Max se muestra desilusionado ante su derrota, pero felicita a Adrián y está deseoso de contar con él como compañero.

Parece que la ronda clasificatoria está cerrada, pero Marinette empieza a pensar, y se percata de que quien pueda superar la puntuación de Max se convertirá en la pareja de Adrián en el torneo. Alya, la mejor amiga de la protagonista, intenta disuadirla, explicándole lo mucho que significa el torneo para Max, pero Marinette no piensa dejar pasar la ocasión de jugar codo con codo con el chico que es objeto de su deseo, sentándose delante de la pantalla y pidiendo que se le permita participar.
Adrián le cede su mando y Max se dispone a explicarle los controles, pero Marinette le interrumpe y le explica que no lo necesita: ¡Ella ya es una hábil jugadora de Ultimate Mecha Strike III! En un flashback (el que encabeza este artículo), vemos cómo en casa juega con asiduidad con su padre, otro jugador bastante competente (demostrando que los video juegos no entienden de edades), a quien a pesar de todo machaca sin piedad una y otra vez. De hecho, hasta le hace “Fatalities”.

Max y Marinette se dan un apretón de manos y se disponen a luchar mientras que, en uno de los mejores golpes de humor del episodio (y todo un comentario sobre la hipocresía de las críticas infundadas que sufre nuestro mundillo), Chloe, la autoproclamada como chica más popular del instituto, y su amiga Sabrina, se preguntan en voz alta “para qué pasarse tanto tiempo delante de una pantalla”para inmediatamente después alzar sus teléfonos y perder sus miradas en las redes sociales, ignorando todo lo que ocurre alrededor de ellas. Brillante.

Haciendo gala de una habilidad increible a los mandos, con el extra de motivación que le supone la posibilidad de pasar tiempo con Adrián, y ante la sorpresa de todos, Marinette derrota a Max y logra la puntuación más alta de todas, celebrándolo replicando el baile de la victoria de su personaje. (Confieso que me hizo especialmente gracia porque yo también lo hago).

Max felicita a Marinette, pero está evidentemente disgustado. Adrián se acerca a Marinette y le dice que se pasará por su casa para que puedan entrenar juntos. La chica está mucho más ilusionada ante la perspectiva de compartir tiempo en privado con él que por participar en la competición.
Sin embargo Max, una vez se queda solo, se quita la máscara de falsa deportividad, maldiciendo a Marinette por haberle ganado. Es algo dificil empatizar con Max llegado este punto: ha tratado a Marinette con condescendencia, tiene mal perder, no ha hecho autocrítica y, para colmo, lleva en las gafas un dispositivo que le va “soplando” la lista de combos del personaje al estilo HUD, lo cual no estoy seguro de que no viole alguna de las normas del evento.

Además, su peinado parece un vulcanito mal horneado.

Pero, objetivamente hablando, a pesar de que tanto Marinette como Adrián son mejores jugadores, las razones de ella para participar son de todo menos altruistas, y han desembocado en la frustración y la rabia de Max. Una rabia que es percibida por el villano, Lepidóptero, quien envía un akuma (una de sus mariposas imbuidas de esencia maligna) para “demonizar” al chaval, bautizándolo como Gamer y concediéndole poderes para “ganar el torneo de su vida” a cambio de que éste le ayude a derrotar a Ladybug y Cat Noire. Sediento de venganza, el chico acepta de buen grado.

El egoismo juega una mala pasada… al estilo 8 bits

De camino a casa  de Marinette, Tikki (la adorable criaturita mágica que confiere a  los pendientes de Marinette sus poderes de transformación) le pregunta a la chica por qué quería participar en el torneo, indicando que hay otras formas de llamar la atención de Adrián, y que su egoísmo le ha negado a Max su ilusión de participar en el torneo. Marinette admite que estaba equivocada, pero se centra en el hecho de que Adrián viene a su casa… para pasar a sufrir un ataque de pánico al darse cuenta de que su cuarto está lleno de fotos del chico por todas partes. A veces las prioridades de esta chica son un poco de traca.

Entretanto, Gamer patrulla la ciudad sembrando el pánico en una replica flotante a escala real de la cabeza del mecha que era su personaje en el juego: una pirámide vectorial al estilo de los clásicos de 8 bits como Battlezone de Atari, y al igual que en ese tipo de juegos, va disparando rayos a todo lo que se mueve: Peatones, coches… Todo aquello a lo que dispara se convierte en orbes que, al ser absorbidos por el vehículo de Gamer, se transforman en puntos de experiencia.

No sé cuánto éxito tendría un juego centrado en machacar sin resistencia el tráfico y la población de una gran ciudad francesa en el mercado. Me atrevo a vaticinar que mucho dependiendo de en qué lado de la frontera con los Pirineos se comercializase. Sobre todo si ese mismo año se diese la circunstancia de que el equipo francés nos ganase en el mundial de fútbol…

De vuelta en casa de Marinette, la chica intenta retirar tantas fotos de Adrián de las paredes como pueda mientras el chico sube las escaleras a su cuarto, entretenido hablando con sus padres (los cuales están un pelín excesivamente entusiasmados por el hecho de que su hija reciba la visita de un chico guapete). Una vez arriba y hasta que empiezan a jugar, se producen las típicas situaciones embarazosas fruto de la torpeza y el encandilamiento, como cogerse de la mano por accidente al tratar de coger el mismo mando a la vez, pero ambos adolescentes logran centrarse y empiezan a practicar.

No puedo evitar pesar que esos mandos parecen la mar de cómodos.

En las calles, Gamer sigue acumulando puntos a costa de las vidas de los parisinos, y logra evolucionar hasta el nivel dos, obteniendo dos piernas mecánicas que elevan su pirámide por encima de los tejados. Recuerda poderosísimamente a algunos de los enemigos que perseguían al protagonista en la película Tron, y hasta tiene un esquema de colores y diseño que no desentonarían con la secuela de ese film.

Ignorantes del peligro al que se ve sometida la ciudad, Adrián y Marinette siguen entrenando, interrumpidos ocasionalmente por el padre de ésta, quien irrumpe en la habitación para disgusto de la chica con bandejas de cruasánes y aperitivos. Tras tres bandejas de dulces rechazadas, Adrián, a quien le vendría bien echarse algo al estómago, pide a Marinette hacer una pausa para descansar y tomar algo, alegando que en realidad la chica está más que preparada y es mejor jugadora que él.
Marinette aprovecha el momento para hacerle entrega de un brazalete-amuleto de la suerte que ella ha confeccionado para él, y bajan a la Plaza de los Vosgos, pero la calma dura poco al irrumpir Gamer con su mecha quien, reconociendo a la chica, empieza a perseguirla. Adrián la aparta de la trayectoria del rayo mortal y trata de desviar la atención de Gamer, pero al no verse perseguido aprovecha la ocasión para transformarse sin ser visto en Cat Noire. Paralelamente, Marinette ha logrado despistar al robot lo suficiente como para esconderse y transformarse ella misma en Ladybug.

Y a partir de este punto es donde el amor a los videojuegos de los creadores se dispara.

Entre Hadoukens anda el juego

Cat Noire hace uso de su ataque especial de destrucción, el Cat-aclism (sí, lo sé, el juego de palabras es tan provocador de cáncer que parece de mi cosecha, pero se llama así) y destruye con él el robot. Sin embargo, no hay tiempo para la celebración, ya que Gamer ríe y desvela que había, literalmente, salvado la partida al alcanzar el nivel 3, con lo cual no tiene más que usar su “continue” para recrear su mecha de nuevo. El robot está ya completo, contando con todas sus extremidades, aunque su diseño deliberadamente reto, simplista y rectilineo resulta hilarante encomparación con el estilismo de personajes y escenarios.

La acción se traslada al estadio de París, donde los héroes hacen uso del orbe que han ganado al derrotar por primera vez al robot de Gamer, obteniendo así su propio mecha, similar a los que usan en el juego. Con las fuerzas más igualadas, va a comenzar el combate. Y es en el momento en que la cámara cambia a un plano lateral y vemos las poses y manerismos que adoptan los robots que cualquier jugador de juegos que se precie notará inmediatament lo familiar que le resulta todo. ¡Un momento! ¡Los personajes están usando moviemientos de Dalshim (en el caso del robot de Gamer) y Ryu (en el caso del robot de Ladybug)!
En todo un homenaje a la celebre saga de Capcom, y al más puro estilo de Mokujin y otros personajes comodín de estos títulos, es impagable poder reconocer en la coreografía de los robot las coreografías de los luchadores que los inspiran. Incluso los personajes lanzan gritando en voz alta algunos de los especiales más reconocibles, como el Hadouken, Shoryuken, y hasta el para muchos impronunciable Tatsumaki senpukiaku. ¿No me creéis? Judgaz por vosotros mismos:

Al quedar patente que la lucha está muy igualada, Ladybug sale de su cabina y hace uso de su poder, el Lucky Charm, para materializar un bote de pintura en espray, el cual emplea para cegar el robot de Gamer, obligándole a salir al exterior y arrebatándole las gafas en las que se ocultaba el akuma, liberando así a Max de la influencia de Lepidóptero y devolviendo todo a la normalidad con el otro poder de sus pendientes: el Miraculous.

Más tarde, ya en la competición, Marinette decide ceder su joystick a Max, admitiendo que solo quería jugar para pasar tiempo con Adrián. Adrián, sin embargo, le cede a su vez a ella su propio controller, explicando que ella es mucho mejor jugadora que él. Aparcadas las diferencias entre Max y Marinette, ambos logran ganar el torneo.

Y así termina un episodio en el que tenemos a una protagonista gamer (y sin que sirva de mera excusa para hacerla parecer más “cool” o “trendy”), los juegos son catalizador de la historia y, a su vez, demuestran ser una afición que une a grandes y chicos, a padres e hijos, a compañeros de clase y profesores, a novietes y novietas, pero, por encima de todo, la moraleja es que lo importante de los juegos es, sobre todo, pasárselo bien.

¿Y vosotros? ¿sois fans de las aventuras de Ladybug? Podéis comentar lo que os parece el episodio en los comentarios.

  1. La verdad es que cuando vi este episodio no me percaté de todas las referencias que tiene (como las de Ryu y Dalshim). Tendré que echarle un ojo de nuevo. Pero sí, ciertamente da gusto ver una serie que respeta y muestra de una manera más cercana a la realidad aquello que los videojuegos pueden hacer. Hay una segunda parte del capítulo (Gamer 2.0 creo que se llama), pero en él no sigue un argumento tan destacable como este, es bastante más comercial y repiten el villano por falta de ideas.

    Por ponerle una pega al artículo, me duele leer “Adrián” tan acostumbrado como estoy a llamarlo Adrien jajajaja.

    1. Sí, es una pena que la continuación de este episodio no esté tan inspirada, aunque ver esa pantalla de selección me hizo desear un MUGEN de Ladybug.
      Respecto a lo de Adrián, LOL, estuve a punto de dejarlo como Adrien, pero luego vi que ese es su nombre oficial en España.

      1. Oye, pues no es mala idea…
        Y sí, a partir del artículo busqué lo del nombre y vi que era su nombre oficial en España, pero es una traducción que no me entra en la cabeza, ¡jajajaja!

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