ARTÍCULOS EDITORIAL

Opinión: Cuando los juegos digitales se vuelven más caros que los físicos, debemos decir basta.

El consumidor debe ser crítico cuando intentan exprimirlo sin incentivo alguno.

¿Nos está perjudicando a corto plazo el cambio, cada vez más inexorable y forzoso, al formato digital? Algunas veces, cuando un servidor pregona desde los cerros manchegos que andemos con cuidado con los juegos en digital, que exijamos más de ellos a las compañías y que no seamos conformistas, siempre hay alguna voz discordante que me tilda de anticuado y me dice que “ese es el futuro”. Si es así, no creo que sea un futuro muy halagüeño. Dejad que os lo ilustre con un caso tan terriblemente absurdo, tan insultante, que me ha resultado imposible no escribir un artículo sobre ello.
Teniendo un antojo de los últimos juegos de lucha de Namco, y siendo fan tanto de la serie Tekken como de Soul Calibur, me dispongo a buscar las últimas entregas en la tienda digital de PS4. Esta imagen son capturas de pantalla de la store de PlayStation. Estos son los precios a los que se están vendiendo hoy en formato digital, a fecha de escribir este texto:

50 euros por Tekken 7, un título que la propia página nos indica que es de hace más de seis años (su lanzamiento mundial, eso sí, fue en 2017), y aunque Soulcalibur VI es algo más reciente, del 2018, tres años más tarde siguen cobrandolo en digital por su precio íntegro de lanzamiento, la friolera cifra de 70 euros. Ambos juegos sumarían un total de 120 euros. Destacar además que se trata de los juegos de base, pelados, sin ningún DLC añadido y además en el caso de Tekken 7 lleno de flagrantes omisiones en su parrilla de luchadores, con esta moderna y deleznable práctica de lanzar juegos con lo mínimo y vender por separado los pases de temporada que antes eran contenido que se incluía con el juego completo.
Y si sus equivalentes físicos costasen lo mismo o más, la cosa se quedaría solo en una pequeña rabieta sobre compañías que no rebajan juegos que tienen más que amortizados ya, pero se da la casualidad de que sí que existe una contrapartida física más económica para ambos títulos. De hecho, se trata de un pack que incluye ambos juegos, cada uno en su disco, por 20 euros:

La disparidad de precio es tan abismal que resulta ofensiva: ¡100 eurazos de diferencia! Y aunque este segundo pantallazo se reconoza que proviene de cierta y famosa tienda online, no se trata de una promoción exclusiva de la misma: si consultáis en otras tiendas de videojuegos físicos, veréis exáctamente el mismo precio: 20 euros frente a los 120 del equivalente digital, aunque llamarlo equivalente frente a semejante atraco a mano armada resulta irónico.
¿Por qué? ¿En qué se van esos 100 euros en unos juegos que al ser digitales no han tenido que ser impresos, metidos en cajas, empaquetados y enviados a tiendas físicas? ¿Ofrece alguna ventaja el juego digital frente al físico, algún tipo de extra o DLC quizás? ¡Nada, cero!

Y no es el único caso. Está empezando a volverse cada vez más común el ver juegos en consolas más caros en digital que en físico. Por ejemplo, etsa misma semana os comentábamos, al hablar de las rebajas de PSVR, que RIGS, rebajado a 10 euros en digital por medio de una promoción, sigue siendo más caro que una copia precintada en físico (8,90 en cierta tienda de Valdepeñas que los gamuzinos conocen de sobra).
Spiderman de PS4, un exclusivo de la máquina de Sony, cuesta en digital 30 euros frente a los 25,89 que cuesta en físico nuevo y precintado. Incluso con gastos de envío sigue saliendo más barato.

Y aún así hay gente que, aún siendo consciente de la diferencia de precio, opta por el digital. Cada equis tiempo surge algún artículo donde los redactores de un medio se ponen en una mesa redonda donde acaban coincidiendo de forma únánime en que prefieren el digital al físico a igualdad de precio o incluso en disparidad absurda, aportando únicamente como argumento el que no ocupa espacio y que a veces lo acaban “comprando en digital por pura comodidad e inmediatez”.
A lo primero contesto que me resulta muy gracioso, cuando sé que muchas de estas mismas personas que alegan no tener sitio para una docena de cajas de juegos ocupan ese mismo espacio con infinitas colecciones de merchandising (y servidor tiene estantes repletos de artículos de la Guerra de las Galaxias, que conste). Lo segundo es pura vagancia pudiendo ir hasta la tienda uno mismo (y de paso apoyar a tu tienda manchega local) o en un mundo donde los servicios de reparto te pueden llevar el juego a la mismísima puerta de tu casa en 24 malditas horas.

Tampoco sirve ya el manido argumento de “la disponibilidad de juegos descatalogados”, habida cuenta de que, al existir tantísimos títulos con músicas, coches, o marcas licenciadas, acaban dados de baja al expirar dichos derechos. Eso cuando directamente no le ponen sin motivo alguno una fecha de caducidad a su disponibilidad, como en el vergonzante y descarado caso de los remasters de los juegos 3D de Mario para Nintendo Switch. Juegos digitales que desaparecen mientras que podemos hacernos de copias, bien sea nuevas o de segunda mano, en nuestras tiendas de confianza. Irónicamente, el formato físico se ha mostrado como una opción que facilita más la preservación de los títulos que estas plataformas que nos vendieron que serían una biblioteca de Alejandría virtual del videojuego (para luego quemarla en pos del poderoso Don Dinero).

¿Que nos ofrecen una oferta justa y nos compensa optar por el formato digital? ¡Bien! Nosotros mismos os animamos hace unos días ante unos jugosas rebajas digitales.
Pero esta gente que, al ceder y pagar más por el digital, al pasar por el aro porque no son capaces de hacer un hueco en la estantería a una caja de bluray, o acercarse a la tienda a por el juego (o encargarlo a la puerta de su casa, maldita sea) porque son incapaces de tener la paciencia de esperar a echarle el guante al día siguiente, lo único que consigue es dar pie que las compañías nos tomen por tontos y, en un futuro en el que se ve que la clara intención es que las consolas sean puramente digitales, nos puedan cobrar precios arbitrarios y desorbitados, privarnos de nuestros derechos como consumidores, y dejarnos con un palmo de narices cuando un título se da de baja de las store.
Por eso, cuando una compañía haga una barrabasada como la que ha dado lugar a la redacción de este texto (¡100 euros de más, señor mío!) os animamos, es más, os instamos a que mandéis el digital a freir monas y apoyéis, elijáis, protejáis y abracéis el físico. Negaos a ceder a estas prácticas draconianas. Si no, puede que en un futuro no dispongamos esa elección.

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